La vida de esta joven londinense nunca fue nada fácil. Sus padres no fueron ningún ejemplo a seguir: su madre era analfabeta y ex adicta al crack, mientras que su padre, heroinómano, les abandonó cuando Jade contaba con dos años, y murió de sobredosis en el año 2005. Jade Goody desde muy pequeña tuvo que hacerse cargo de la casa, y más aún cuando su madre sufrió un accidente de coche y quedó gravemente perjudicada. Por todo esto, apenas disfrutó de una educación decente, y prácticamente era analfabeta y le fallaban los modales.
Aunque fueron precisamente estos dos aspectos los que conectaron con la audiencia, quienes reclamaban sus apariciones televisivas. Tras su paso por ‘Gran Hermano’, participó en la edición con famosos, y protagonizó una discusión racista contra una actriz de Bollywood, que hizo que la organización la echara del concurso. Este episodio hizo subir como la espuma la popularidad de la joven en todo el mundo, lo que multiplicó sus apariciones en los medios británicos.
En 2008 decidió participar en la edición india de ‘Gran Hermano’ para disculparse públicamente por los insultos racistas proferidos contra una actriz de allí. Pero el destino le jugó una mala pasada, y en pleno concurso recibió la peor llamada de su vida: le comunicaron que padecía un cáncer de útero muy avanzado.
A partir de este momento la vida de Jade Goody da un giro de 180º y se convierte en un ‘Gran Hermano’ en sí. Empieza a vender a los medios sus últimos meses de vida. Según ella misma afirmó, lo hacía para dejárselo a sus hijos, y que no sufrieran como ella había sufrido en su infancia. Entre las exclusivas que vendió a los medios destacan su boda con Jack Tweed, seis años menor que ella y pendiente de una sentencia judicial por agredir a un taxista, con la que ganó aproximadamente un millón de euros. Además, vendió pocos meses antes de su muerte el bautizo de sus hijos a la revista OK!
También se especulaba con la venta de su funeral, pero afortunadamente los familiares de Goody decidieron hacerlo en la intimidad, como bien afirmó su madre tras la defunción: "Jade ha muerto a las 3.55 de la madrugada. La familia y los amigos deseamos finalmente un poco de privacidad". De estas palabras se puede desprender un halo de cinismo, pues Jade Goody y su entorno habían convertido la vida de la joven en un auténtico circo.
Desde el punto de vista periodístico, se pueden sacar dos conclusiones de este caso. El primero de ellos es la falta de rigor periodístico por parte de los medios que se han lucrado y han hecho lucrarse a ella con una noticia tan seria como lo es una enfermedad de esa gravedad. Esto es propio de un periodismo sensacionalista, en el que todo vale, y capaz de vender hasta una muerte con tal de conseguir un puñado de lectores o telespectadores.
Por otra parte, también se puede sacar una visión positiva de todo este ‘circo mediático’. El tratamiento de la evolución de la enfermedad por parte de algunos medios ha sido muy respetuoso. Diversos periodistas afirman que este asunto ha servido para informar a la sociedad de un tema desconocida y muy preocupante. A raíz de este caso, han aumentado las revisiones de las mujeres inglesas en relación al cáncer de cuello de útero.


Durante casi dos días más de 300 periodistas y estudiantes se reunieron para debatir diferentes temas referentes a los medios digitales. Además también se realizaron tertulias sobre cuestiones actuales (como la crisis), y se entregaron varios premios. Uno de los premiados fue David Berjáin, que obtuvo el Premio de Periodismo Digital “José Manuel Porquet” por su reportaje Diez días con las FARC.